Nuestro estado mental y emocional influye directamente en nuestro bienestar físico, y el miedo, especialmente cuando se experimenta de manera crónica o intensa, puede desencadenar una serie de respuestas fisiológicas que afectan negativamente al organismo.
Desde un aumento en la tensión arterial hasta la liberación de hormonas del estrés que afectan al sistema inmunológico, el miedo puede destruir nuestra salud en múltiples niveles.
Además, síntomas como dolores de cabeza, trastornos digestivos y dificultades respiratorias, pueden manifestarse como resultado de vivir con un miedo constante.
Es fundamental comprender el origen del miedo que sentimos para proteger y promover nuestra salud integral.
Una amenaza repentina a nuestro bienestar como una discusión cargada de agresividad, un intento de robo o una situación violenta en un atasco, ponen en juego un complejo entramado en el cerebro para reaccionar ante el miedo que genera un escenario excepcional.
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¿Cómo reacciona el cerebro cuando sentimos que nuestra vida o la de nuestros seres queridos están en peligro?
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El doctor Juan Eduardo Tesone, médico UBA, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y médico psiquiatra de la Universidad de París, explica:
“Cuando nuestra vida está en peligro, es imposible prever la reacción que uno puede tener. Lo más lógico es que uno tenga una reacción defensiva, después habrá que evaluar si esta acción defensiva fue excesiva o se justifica. Esto ya es evaluación, caso por caso”.
Por su parte, el doctor Ricardo A. Rubinstein, médico psicoanalista, y miembro titular en función didáctica APA, afirma: «Frente a un peligro o amenaza hay tres reacciones posibles a nivel psicológico: la fuga, la lucha o la parálisis”.
“Estas dependen de un conjunto de factores que son evaluados muy rápidamente por el sujeto, conciente e inconcientemente, teniendo en cuenta, por ejemplo, la magnitud de la amenaza, recursos, oportunidad de atacar, etc. Es decir, se evalúan las fuerzas en juego que le permitirá decidir las mejores opciones. Esta es una respuesta que también existe en los animales, es de la especie”.
Y agrega: “Otros factores que inciden en la reacción son el tiempo o el factor sorpresa que deja al sujeto más expuesto ante el peligro. Esto puede generar una reacción freezing, que es quedarse paralizados”.
Además, a nivel corporal ocurren muchas reacciones. Rubinstein explica: “Se segregan aminas endógenas, adrenalina, que preparan al corazón, a los músculos y a todo el organismo para la lucha o la fuga. Todo esto ocurre a nivel biológico”.
Sin embargo, la reacción de las personas variará en función de su experiencia (si ha sido víctima o no ya de una situación semejante) la personalidad o el equilibrio emocional.
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“También influye la historia del individuo. Teniendo en cuenta todo este background será cómo va reaccionar. Todo ese conjunto de cosas determinan cómo actúa una persona ante la amenaza, ya sea a su vida, a su integridad -propia o de sus seres queridos- a su patrimonio, etc.”
¿Qué le pasa al cerebro y al cuerpo cuando nos asustamos?
El mecanismo que desencadena el miedo se encuentra en el cerebro reptiliano, que regula acciones esenciales, como comer o respirar, y en el sistema límbico, que regula las emociones y las funciones de conservación del individuo.
La amígdala, incluida en este sistema, analiza en todo momento la información que recibe a través de los sentidos. Cuando detecta una amenaza o peligro, desata los sentimientos de miedo y ansiedad.
La amígdala despierta la respuesta del hipotálamo, la pituitaria y la glándula adrenal que liberan hormonas y neurotransmisores. Estas sustancias que produce nuestro cerebro ante el miedo tienen el objetivo de prepararnos para una posible acción muscular violenta: huir o pelear.
Esto es lo que hace nuestro cuerpo como respuesta:
– Más oxígeno. La función pulmonar y cardíaca se aceleran para llevar el oxígeno a todos los músculos.
– Más sangre. Los vasos sanguíneos se contraen en muchas partes del cuerpo, por eso podemos empalidecer o ponernos colorados.
– La digestión se frena. La función estomacal y del intestino alto se inhibe, hasta el punto en que la digestión se ralentiza o incluso se detiene.
– Esfínteres sin control. Se ven afectados de forma general, causando en ocasiones algunas pérdidas.
–Se inhiben las glándulas lagrimales y las que producen saliva, así que se se nos puede secar la boca.
-Dilatación de las pupilas, visión con efecto túnel y pérdida de audición. Por eso en una situación amenazante no vemos ni oímos prácticamente nada más que lo que nos está atemorizando.
Si el miedo se mantiene en el tiempo es cuando sucede lo que en Biodescodificación se conoce como somatización.
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Los componentes del miedo y su impacto en nuestras vidas
El miedo tiene diferentes partes que lo componen.
- El componente intrapsíquico: el miedo viene de conflictos que tenemos dentro de nosotros y que han estado presentes durante mucho tiempo. Por ejemplo, podríamos tener miedo de fracasar o de no ser aceptados por los demás.
- El componente intrasubjetivo: cómo nos sentimos en relación con otras personas. Por ejemplo, si alguien ha sido maltratado, es posible que tenga miedo de que esa persona vuelva a hacerle daño.
- Por último, el componente transubjetivo, que tiene que ver con el miedo que todos podemos sentir por lo que está sucediendo en la sociedad. Esto significa que podemos tener miedo de cosas como la violencia o la incertidumbre en el mundo que nos rodea.
El miedo tiene diferentes partes: las cosas que nos preocupan dentro de nosotros, cómo nos sentimos en relación con otras personas y el miedo que todos podemos tener por lo que está pasando en la sociedad.
Tesone señala que “el miedo puede ser algo útil y necesario. Por ejemplo, si uno tiene que cruzar una avenida muy grande y no funcionan los semáforos, que tenga miedo es una angustia útil porque nos pone en alerta y nos permite atravesar con prudencia una calle donde los semáforos no funcionan.
Cuando el nivel de la angustia crece y es mayor, por el motivo que sea, esto tiene un efecto de ruptura en el psiquismo”.
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“Este efecto es muy variable de acuerdo a las personas. Por ejemplo, un tren tiene un accidente y varias personas van en el mismo vagón. Esto va a tener un efecto impactante para todas las personas en el vagón.
Después dependerá cómo cada uno cómo tramita este efecto que tuvo ese accidente y podrá elaborarlo solo o, eventualmente, se podrá enquistar en su psiquismo como un efecto traumático que seguirá teniendo un efecto mortal sobre la persona a veces durante mucho tiempo”, describe el médico psiquiatra.
Las fobias como una manifestación del miedo intenso
A veces, la persona pone ese miedo o angustia afuera, “por ejemplo, cuando no se los puede vivir internamente porque causa mucho dolor, se los pone en un objeto externo, y a esto se lo llama fobia”, describe.
“Algunas personas, por ejemplo, que no pueden utilizar el metro o subir a un avión, o que tiene dificultades para ir al cine porque hay mucho público. Obviamente, la persona no elige su fobia, sino que esta se impone a uno.
Y por otro lado, va cambiando de objeto, por ejemplo, hay algunos métodos que intentan, por ejemplo, quitarle el miedo a viajar en avión a algunas personas, y a lo mejor lo logran, lo consiguen respecto al avión, pero esa fobia después se desplaza hacia otro objeto.
En realidad lo que hay que trabajar es el origen del miedo, ver si es un miedo lógico, como puede ser no caminar por la noche por ciertos lugares peligrosos. Otra cosa es alguien que se queda totalmente paralizado, y por ejemplo, no puede salir de su casa”, afirma Tesone.
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Las consecuencias del miedo intenso y los traumas
Las consecuencias de un hecho vivido con mucho miedo o temor pueden ser mayores.
Gabriela Martínez Castro, psicóloga especialista en trastornos de ansiedad, directora del CEETA, Centro de Estudio Especializado en Trastornos de Ansiedad, explica que “después de un trauma, el sujeto puede presentar el fenómeno de la reexperimentación, es decir, vuelve a experimentar la situación traumática, con todos los sentidos, tal como si la estuviera viviendo, no recordando, sino reviviéndola.
La persona se comporta como si estuviera en el momento del acontecimiento, cuando en realidad, no lo está”.
Además, la persona afectada puede evitar exponerse a estímulos asociados al episodio.
“Sufre de embotamiento afectivo, ya no responde afectivamente como solía hacerlo, está como anestesiada.
Aparece también
- la incapacidad para recordar determinados episodios del trauma;
- una reducción del interés en las actividades de la vida cotidiana;
- la sensación de desapego afectivo frente a los demás;
- la sensación de un futuro desolador;
- dificultades para conciliar o mantener el sueño;
- irritabilidad o ataques de ira;
- problemas para concentrarse y memorizar respuestas y
- sobresalto emocional (se asustan fácilmente)”, describió la psicóloga.
El estrés postraumático sucede“después de un acontecimiento traumático donde se ha puesto en peligro la vida del individuo o ha presenciado una situación de riesgo que lo lleva a revivir en cualquier momento del día el episodio con todos los sentidos”, asegura Gabriela Martínez Castro.
Las alteraciones pueden aparecer al mes del episodio traumático, y hasta demorar 6 meses en su aparición.
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Consejos para superar los miedos
Aquí tienes tres consejos para reducir el miedo y aumentar la confianza en ti mismo desde una perspectiva de la biodescodificación:
- Practica la autorreflexión: Tómate un tiempo para reflexionar sobre tus miedos y examinar su origen. Identifica los patrones de pensamiento negativos o creencias limitantes que puedan estar contribuyendo a tu miedo. Una vez que los identifiques, trabaja en reemplazarlos por pensamientos más positivos y realistas. Practica la autocompasión y reconoce tus fortalezas y logros pasados para reforzar tu confianza en ti mismo.
- Aprende técnicas de relajación y manejo del estrés: El miedo a menudo se acompaña de una respuesta de estrés físico, que puede afectar negativamente tu bienestar general. Aprender y practicar técnicas de relajación, como la respiración profunda, la meditación o el yoga, puede ayudarte a reducir la ansiedad y el miedo. Estas prácticas también pueden mejorar tu capacidad para manejar el estrés en general, lo que contribuirá a aumentar tu confianza en situaciones desafiantes.
- Enfrenta tus miedos gradualmente: La exposición gradual a tus miedos puede ser una estrategia efectiva para superarlos y construir confianza en ti mismo. Identifica pequeños pasos o desafíos relacionados con tu miedo y ve enfrentándolos gradualmente. A medida que experimentes pequeños éxitos y te des cuenta de que puedes manejar situaciones temidas, ganarás confianza en tus habilidades y capacidades. No te presiones demasiado rápido, tómate tu tiempo y celebra cada logro, por pequeño que sea.
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Recuerda que reducir el miedo y aumentar la confianza en uno mismo es un proceso gradual y personal.
Si encuentras dificultades persistentes, busca el apoyo de un profesional, como un psicólogo o terapeuta, que pueda brindarte herramientas y guía adicional en este proceso de desarrollo personal.
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Basado en el texto publicado en infobae